Salud infantil: criar, orientar y acompañar sus emociones
Hábitos diarios para cuidar sus defensas
Más que una hora exacta, importa que duerma lo suficiente: entre 10 y 13 horas al día, incluida la siesta. En general, se recomienda acostarlo entre las 7:00 y 9:00 p. m., según la hora en que despierte. Mantén horarios regulares y una rutina relajante antes de dormir. Un buen descanso ayuda al funcionamiento de sus defensas.
Ofrécele a diario frutas, verduras, menestras (lentejas, frejoles o garbanzos), avena, quinua y cereales integrales. Incorpóralos poco a poco, en preparaciones adecuadas para su edad y acompañados de suficiente agua. Una alimentación variada y rica en fibra ayuda a mantener saludables los microorganismos del intestino, favoreciendo sus defensas y su salud digestiva.
Es común que los niños pequeños acepten algunos alimentos y rechacen otros. Sigue ofreciéndole alimentos saludables y variados, incluso los que rechaza, en pequeñas porciones y varias veces, sin obligarlo a comer. Evita reemplazar siempre las comidas por sus favoritos, pues esto puede reforzar el rechazo a otros alimentos. Mantén horarios de comida, coman en familia cuando sea posible y eviten celulares, tabletas y televisión al comer. Si su alimentación es muy limitada o afecta su crecimiento y desarrollo, acude al pediatra y al nutricionista.
Mantén sus vacunas al día, ofrécele una alimentación variada y equilibrada, suficiente agua y un buen descanso. Promueve el juego y la actividad física, enséñale a lavarse las manos y evita exponerlo al humo del tabaco. Este humo no causa los virus, pero afecta las defensas de las vías respiratorias y aumenta el riesgo de enfermarse. Asiste también a sus controles de Crecimiento y Desarrollo (CRED), donde revisan su crecimiento, nutrición y desarrollo, y te orientan para prevenir enfermedades y promover hábitos saludables.
Esto es frecuente en niños con trastorno del espectro autista (TEA) y suele relacionarse con una mayor sensibilidad a las texturas, colores, olores, sabores o temperaturas de los alimentos. Ofrécele alimentos saludables y variados en pequeñas porciones y varias veces, respetando su ritmo y sin obligarlo. Evita reemplazar siempre las comidas por sus favoritos, pues esto puede reforzar el rechazo a otros alimentos. Mantén horarios regulares y un ambiente tranquilo, sin pantallas. Si su alimentación es muy limitada o excluye grupos importantes de alimentos, acude al pediatra y al nutricionista para evaluar su nutrición y recibir orientación adaptada a sus necesidades.
Necesita dormir entre 11 y 14 horas al día, incluida la siesta. Mantén horarios regulares y, de ser posible, acuéstalo entre las 7:00 y 9:00 p. m., según la hora en que despierte. Crea una rutina relajante y evita las pantallas al menos una hora antes de acostarlo, pues pueden dificultar que se duerma y descanse bien. Un buen descanso favorece su crecimiento, aprendizaje y defensas.
A esta edad necesita dormir entre 11 y 14 horas al día, incluida la siesta. Dormirse habitualmente tan tarde no es lo esperado. Puede relacionarse con horarios irregulares, siestas tardías o muy largas, pantallas antes de dormir o actividades muy estimulantes por la noche. Mantén horarios regulares para dormir y despertar. Antes de acostarlo, crea una rutina relajante, como un baño tibio, un cuento o una canción, y evita las pantallas al menos una hora antes.
Queda menos protegido frente a enfermedades que pueden ser graves, como sarampión, tos ferina, poliomielitis y meningitis. Las vacunas preparan sus defensas para reconocer y combatir estos microorganismos sin causar la enfermedad. Cumple con el calendario nacional de vacunación y acude al establecimiento de salud si hay algún retraso. En la mayoría de los casos, se pueden completar las vacunas pendientes con un esquema de recuperación, sin reiniciar todo el calendario.
Con vacunas al día, alimentación variada y equilibrada, buen descanso, actividad física, juego, suficiente agua, lavado de manos y evitando el humo del tabaco. Estos hábitos ayudan a que sus defensas funcionen bien y reducen el riesgo de enfermedades. Asiste también a sus controles de Crecimiento y Desarrollo (CRED), donde revisan su salud y te orientan para prevenir enfermedades.
Si está sana, crece bien y come variado y equilibrado, generalmente no necesita vitaminas adicionales. Los nutrientes para su crecimiento y sus defensas deben provenir principalmente de los alimentos. Continúa con los suplementos indicados por el establecimiento de salud, como el hierro cuando corresponda. No le des vitaminas ni suplementos por tu cuenta. Si tiene dificultades para comer, problemas de crecimiento o alguna condición médica, el pediatra o el nutricionista evaluarán si necesita algún suplemento específico.
Los virus se transmiten principalmente por contacto con personas enfermas, manos contaminadas y gotitas que se expulsan al toser o estornudar. Mantén sus vacunas al día, enséñale a lavarse las manos con frecuencia y a cubrirse la boca y la nariz al toser o estornudar. Ventila los ambientes y evita el contacto cercano con personas enfermas. Una alimentación saludable, un buen descanso y la actividad física también favorecen sus defensas y la respuesta de su organismo frente a las infecciones.
Necesita aproximadamente 1,3 litros de agua al día en total, contando el agua que bebe, la leche materna y el agua de alimentos como frutas, verduras y sopas. Sí, la leche materna también lo hidrata y aporta nutrientes y otros componentes beneficiosos para su salud. Ofrécele agua con frecuencia, especialmente durante las comidas y después de jugar.
Necesita dormir entre 10 y 13 horas al día, incluida la siesta si aún la hace. Mantén horarios regulares para acostarlo y despertarlo: un buen descanso favorece su crecimiento, aprendizaje y defensas.
Mantén horarios regulares para acostarlo y despertarlo, incluso los fines de semana. Crea una rutina relajante antes de dormir, como un baño tibio, un cuento o música tranquila. Evita las pantallas al menos una hora antes de acostarlo, pues su luz puede dificultar que se duerma. Procura que las siestas no sean muy tardías ni largas y que realice actividad física durante el día.
Necesita aproximadamente 1,3 litros de agua al día en total, contando el agua que bebe y la que contienen frutas, verduras, sopas y otras preparaciones. Ofrécele agua varias veces al día y procura que sea su bebida principal. Puede necesitar más líquidos si hace mucho calor, realiza más actividad física o tiene fiebre. Evita darle bebidas azucaradas con frecuencia: no reemplazan los beneficios del agua.
Mantén sus vacunas al día, ofrécele una alimentación variada y equilibrada, suficiente agua y un buen descanso. Promueve el juego y la actividad física, enséñale a lavarse las manos con frecuencia y evita exponerlo al humo del tabaco. Limita el uso excesivo de pantallas, pues puede afectar su sueño y quitarle tiempo de juego activo. Estos hábitos favorecen sus defensas y ayudan a reducir el riesgo de enfermedades.
Puede caminar, correr, jugar con una pelota, bailar, subir y bajar pequeñas gradas con supervisión, jugar en el parque, usar un triciclo adecuado para su edad o explorar espacios al aire libre de forma segura. La OMS recomienda al menos 180 minutos de actividad física de cualquier intensidad, repartidos durante el día. El juego y el movimiento favorecen su aprendizaje, fortalecen músculos y huesos, mejoran la coordinación y apoyan su crecimiento y desarrollo.
Necesita aproximadamente 1,3 litros de agua al día en total, contando el agua que bebe y la que contienen frutas, verduras, sopas y otras preparaciones. Ofrécele agua varias veces al día y procura que sea su bebida principal. Puede necesitar más líquidos si hace mucho calor, realiza más actividad física o tiene fiebre. Evita darle bebidas azucaradas con frecuencia: no reemplazan los beneficios del agua.
Necesita dormir entre 11 y 14 horas al día, incluidas las siestas. De noche, la mayoría de los niños de esta edad duerme entre 10 y 12 horas; el resto puede repartirse en una o dos siestas, según sus necesidades. Mantén horarios regulares para acostarla y despertarla. Dormir lo suficiente favorece su crecimiento, aprendizaje, desarrollo del cerebro y defensas.
Cómo acompañar sus emociones y poner límites
A esta edad aún está aprendiendo a manejar sus emociones. Es común que llore o se frustre cuando no obtiene lo que quiere o le pones un límite. Responde con calma y reconoce lo que siente: «Sé que te da pena dejar de ver televisión». Mantén el límite sin ceder y ofrécele una alternativa. Con el tiempo y el ejemplo de los adultos, aprenderá a manejar mejor la frustración.
Qué hacer ante molestias y enfermedades comunes
Es importante identificar si tiene estreñimiento. Si ya inició la alimentación complementaria, ofrécele suficiente agua y alimentos con fibra, como papaya, pera, ciruela, verduras, avena y menestras, según su edad. Promueve también el movimiento con juegos, caminatas si ya camina o actividades acordes a su desarrollo. No le des laxantes, infusiones ni remedios caseros sin indicación médica. Acude al pediatra si su barriga sigue muy hinchada, tiene dolor intenso, vómitos, fiebre, sangre en las heces o pasa varios días sin defecar.
Si tiene congestión nasal, tos, estornudos o fiebre, ofrécele líquidos con frecuencia, deja que descanse y continúa dándole alimentos saludables según su apetito. Si tiene fiebre o malestar, no lo automediques. Consulta con un profesional de salud si los síntomas persisten o te preocupan. Para reducir el contagio, procura lavarte las manos con frecuencia y evitar el contacto cercano con otras personas. Acude de inmediato al establecimiento de salud si le cuesta respirar, rechaza líquidos, está muy decaído, tiene fiebre persistente o los síntomas empeoran.